Ventas y clientes
No todo pasa por una cotización. La mitad de lo que vende un taller pequeño se vende en el mostrador, y esa mitad también tiene que llegar a tus números.
Venta rápida
El botón flotante de venta rápida está en todas las pantallas del panel. Abre, eliges lo que se llevó el cliente, ves el total en grande —que es el número que dices en voz alta— y confirmas.
También puedes venderlo desde la fila del producto en Productos, si ya lo tienes delante.
La venta entra al Dashboard como venta de catálogo, con el precio vigente del producto en ese momento.
Si el cliente regateó
Debajo del total hay dos campos, y ninguno es obligatorio:
- Cobrado — lo que de verdad se pagó. Cinco piezas de $20 que dejaste en $80: escribe 80. Runa Forge reparte ese descuento entre las piezas y guarda la venta por lo que entró a la caja, no por lo que decía la lista. Tu ingreso y tu utilidad quedan bien los dos, porque lo que baja es el precio y no el costo.
- Paga con — con cuánto te pagó. Te dice el cambio y no se guarda en ningún lado: es una cuenta, no un dato.
Si el precio negociado no cubre lo que te costó producir la pieza, te lo dice antes de cobrar. Puedes cobrarlo igual —a veces se hace a propósito— pero sabiendo.
El registro de ventas
En Productos → Ventas está todo lo vendido, con fecha, piezas, precio unitario, total y origen — si vino de mostrador o de una cotización aprobada. Puedes filtrar por producto y por periodo.
Ese origen importa más de lo que parece: es lo que te deja ver qué parte de tu negocio viene de la tienda y qué parte de la gente que pasa por el taller.
La libreta de clientes
En Clientes guardas nombre, teléfono, correo, dirección y notas. Cada cliente arrastra su historial de cotizaciones.
No hace falta darlos de alta antes: cuando llega un ticket de la tienda, sus datos vienen en el pedido. Los clientes de esta libreta son los que vuelven, los que piden por WhatsApp, los que necesitan factura — la gente a la que le vas a cotizar de nuevo.
Las notas son el campo más subestimado de toda la app. «Siempre pide en lote», «requiere factura», «no le gustó el acabado brillante»: eso es lo que hace que la segunda cotización salga mejor que la primera.
Se leen desde el ojo de la fila, sin abrir el formulario de edición. Ahí también tienes su teléfono y su correo como enlaces: los tocas y llamas.
Un aviso sobre el inventario
Una venta rápida no descuenta material. Es deliberado: en mostrador se vende lo que ya está impreso, y el filamento se gastó el día que se imprimió el lote, no el día que se vendió la pieza. El descuento de material lo hace la cotización al aprobarse, o tú a mano desde el inventario cuando lanzas un lote.